Es una cuestión muy cierta, que puede pillar desprevenidos a muchos usuarios. Dos ordenadores con idénticos componentes y mismo precio pueden llegar a resultados muy dispares en pruebas de rendimiento, o incluso en nuestro día a día. Normalmente, podemos comprar el mismo procesador, la misma gráfica o la misma cantidad de RAM porque hemos visto una configuración perfecta de un analista de hardware, y, sin embargo, nuestro sistema puede quedar en un rendimiento por detrás de lo mostrado.
Este conflicto suele llevar a una conclusión muy falsa: que nuestro PC está averiado o que nos ha tocado un componente que no funciona como debería. Pero un PC no es solo la suma de piezas junto al microprocesador. Es más bien un ecosistema que funciona en equilibrio, donde el hardware es solo la base donde se desarrollan las capas de instrucciones lógicas para que todo marche según lo previsto.
Cada detalle cuenta: desde la cantidad de procesos que el sistema operativo mantiene en segundo plano hasta la versión del código que gestiona la placa base. Y todo se basa en el conocido «ajuste fino». Por lo tanto, los controladores tienen mucho que decir, al igual que la configuración del firmware.
El impacto del firmware y los drivers
Una de las bases más importantes del funcionamiento de un PC es la comunicación entre el hardware y el sistema operativo. Y eso depende directamente del firmware de la BIOS/UEFI. Dos placas bases que sean idénticas pueden tener instalado un microcódigo, como el AGESA en AMD, de versiones distintas. Y esto altera enormemente tanto la gestión de los voltajes como las frecuencias de impulso. Una PC con una BIOS desactualizada puede tener límites de potencias más estrictos con el objetivo de evitar cualquier sobrecalentamiento.
Es decir, que otro que disponga de la última versión de hardware puede aprovechar nuevos algoritmos de overclocking más optimizados. De hecho, los perfiles como XMP o EXPO para la memoria RAM no vienen activos de fábrica. Si un usuario olvida activar este paso, su memoria funcionará a la velocidad base de JEDEC (normalmente, 4800 MHz) en lugar de los 6000 MHz por los que pagó. Y esto crea un cuello de botella que otro PC idéntico no tiene por qué tener.
También es imprescindible la función de los drivers de la tarjeta gráfica y del chipset. Estos son el «manual de instrucciones» que le dice al hardware cómo tiene que ejecutar las tareas. Actualmente, este tipo de software se optimizan prácticamente semana tras semanas para juegos y apps específicas. Un usuario que utilice los drivers genéricos que Windows se encarga de instalar tendrá un rendimiento inferior que aquellos que instalan las versiones oficiales de los fabricantes. Los controladores no solo repercuten en cuestiones como la tasa de FPS en juegos, sino que también inciden en la eficiencia del consumo eléctrico o la latencia del sistema. Una GPU con los drivers actualizados trabaja en mucha mejor sincronía con el procesador que si los drivers no están actualizados.
Software, procesos en segundo plano y configuración
Aunque tengamos el firmware y los drivers actualizados, el software también puede frenar el rendimiento notablemente. Un PC recién instalado siempre rendirá mejor que uno que lleve meses acumulando apps que se inician automáticamente. Por ejemplo, las suites de antivirus o los clientes de juegos consumen ciclos de la CPU e incluso ancho de banda de la RAM, que aumentan los tiempos de carga en menor o mayor medida. Estos procesos en segundo plano pueden causar los famosos tirones -o stuttering- que arruinan la fluidez en nuestros juegos y, realmente, no están ayudando al funcionamiento del PC.
Por último, la configuración del sistema operativo también tiene un rol muy importante. El plan de energía de Windows (que puede ser equilibrado, economizador o alto rendimiento) o la GPU acelerada por hardware puede suponer una diferencia enorme en el rendimiento. Sin olvidarnos, por supuesto, de la temperatura ambiente o la capacidad de disipar aire de la propia torre, que puede generar el «thermal throttling». Si un PC no puede disipar bien el calor, sus componentes bajarán su velocidad de reloj por seguridad.
Como ves, dos PCs idénticos en hardware pueden ser muy distintos si uno de ellos está «ahogado» térmicamente o lo configuramos en «modo ahorro de energía».
