A la hora de mejorar el rendimiento de un PC sin actualizar sus componentes, el número de opciones se limita al sistema operativo. Si bien es cierto que podemos utilizar aplicaciones de terceros para limpiar el registro de Windows (no podemos hacerlo de forma nativa sin ayuda de una aplicación que nos guíe) recurrir a la configuración de Windows es, en la mayoría de las ocasiones, la opción más rápida.
Lo primero que debemos hacer es eliminar del inicio de Windows todas las aplicaciones que se cargan al arranar Windows pero que no utilizamos. Además, también debemos liberar espacio en la unidad de almacenamiento (dejando un mínimo de 20-30 GB), desinstalar las aplicaciones que ya no necesitamos y activar la aceleración por hardware.
Qué es la aceleración por hardware
Cuando hablamos de la aceleración por hardware, hablamos de una tecnología que permite a los programas que ejecutemos utilizar, además de la CPU, otros componentes del equipo, especialmente la GPU para así liberar la carga de trabajo del procesador.
De esta forma, en lugar de que el equipo utilice únicamente la CPU para ejecutar todas las tareas del sistema, la función aceleración por hardware delega en la gráfica y otros componentes la ejecución de otras tareas como como gráficos a la GPU y sonidos a la tarjeta de sonido. De esta forma, cada uno de los componentes de hardware del PC, se encargará de tareas dedicadas y funcionará de forma más fluida.
Activar esta función es especialmente útil a la hora de reproducir vídeos pesados, editar contenido multimedia y, en menor medida, en la ejecución de videojuegos que dependen en exceso de la CPU. De forma predeterminada, esta función de Windows se encuentra desactivada ya que puede presentar problemas de estabilidad en el sistema, aunque no suele ser habitual.
Si tienes un equipo que anda escaso de recursos, no puedes ampliar el hardware y se te han acabado las ideas para mejorar su rendimiento, a continuación, os mostramos los pasos a seguir para activar esta función tanto en Windows 10 como en Windows 11.
Cómo activar la aceleración por hardware
Si bien es cierto que tanto Windows 10 como Windows 11 comparten un diseño muy similar en las opciones de configuración (en todas), los pasos que debemos seguir para activar o desactivar esta función son exactamente los mimos que os detallamos a continuación.
Desde las opciones de configuración de Windows 11, accesible a través del atajo de teclado Win + i, accedemos al menú Sistema. Dentro de este menú, pulsamos en Pantalla y nos dirigimos a la sección de la derecha, donde debemos buscar la opción Configuración de gráficos.
Ahora, debemos marcar el interruptor Programación de GPU acelerada por hardware. Una vez más marcada, Windows nos invitará a reiniciar el equipo para que los cambios se apliquen.
Otro método que también podemos utilizar para activar la aceleración por hardware invita a modificar el registro de Windows, un proceso más complejo y laborioso que pone un riesgo la seguridad del equipo si modificamos algún valor que debamos, por lo que, la mejor opción para activar esta opción es, sin duda, utilizar las opciones de configuración de Windows.
Problemas de compatibilidad al activar la aceleración por hardware
Como hemos comentado más arriba, activar la aceleración por hardware implica, en la mayoría de las ocasiones, una mejora de rendimiento para el equipo aliviando la carga del procesador. Sin embargo, en ocasiones, el resultado no es el esperado, especialmente cuando se trata de hardware que ha dejado de recibir el cariño de su fabricante en forma de actualizaciones de drivers.
Si sufres alguno de los síntomas que os mostramos a continuación, significa que debes desactivar la aceleración por hardware.
- Al ejecutar una aplicación, esta se muestra completamente en negro, como si se hubiera colgado pero el resto del sistema funciona sin problemas.
- Artefactos visuales en la pantalla, como líneas y cuadros de color negro que aparecen y desaparecen o incluso parpadeos cuando utilizamos un navegador.
- Aplicaciones que se cierran inesperadamente o se congela temporalmente cuando está realizando tareas exigentes.
Generalmente, estos problemas se deben al uso de drivers anticuados (el software habla un idioma distinto al del hardware), hardware antiguo (no cuenta con soporte para estándares actuales) y conflictos con la API (Windows prefiere DirectX pero tu hardware OpenGL o Vulkan).
Si sufrimos alguno de estos problemas, debemos buscar la última actualización disponible del hardware. Si este no recibe el cariño por parte del fabricante, cabe la posibilidad de que si lo esté recibiendo por parte de la comunidad, por lo que, antes de desactivar la función, debemos asegurarnos de que contamos con la última versión de los drivers disponible en ese momento.
