Los kits de RAM con iluminación RGB se han convertido en una de las piezas favoritas para los jugadores que quieren un PC elegante y visualmente potente. Pero, aunque las luces LED tengan un impacto casi imperceptible, no siempre todo lo que brilla sale totalmente gratis…
Dentro de las condiciones normales, la iluminación de los módulos no debería suponer una caída de rendimiento en apps o juegos. De hecho, los FPS dependen totalmente de la velocidad de la memoria, sus latencias o de la configuración del sistema. Pero eso no significa que el RGB no tenga ningún impacto.
De hecho, en determinados escenarios, especialmente cuando hablamos de módulos DDR5, perfiles EXPO, XMP e incluso en cajas más pequeñas, la iluminación puede sumar factores que no deseamos: consumo, calor y complejidad a la instalación. Ese pequeño extra puede empujar levemente al sistema a un punto más incómodo, pero puede volverse más perjudicial si ya sufríamos de problemas con temperatura. Y de igual manera, no podemos pasar por alto el papel del software, los sensores y la integración con la placa base. Una mala gestión de ello añadirá procesos innecesarios a nuestro sistema operativo. Por eso conviene mirar más allá de la estética antes de elegir una memoria RGB.
Las luces RGB pueden añadir calor y complejidad
La idea más importante de este tema es que la iluminación RGB en la RAM no tiene un impacto directo y medible sobre los FPS. De hecho, sería algo catastrófico para cualquier diseño de PC. Lo que verdaderamente condiciona el rendimiento de una RAM son aspectos como la frecuencia, la latencia o el funcionamiento en doble canal, no los LEDs integrados en el módulo. Las mejoras de rendimiento que encontramos en los benchmark se producen por utilizar una memoria más rápida o mejor ajustada, pero no por llevar o no llevar iluminación.
Pero a pesar de lo expuesto en el anterior párrafo, ello no significa que el RGB tenga un impacto totalmente neutro en nuestro PC. Los LEDs consumen energía, y es esa misma energía la que termina convirtiéndose en calor. Eso sí, normalmente en cantidades muy reducidas. Un test compartido por usuarios de overclocking encontró diferencias muy reducidas con la iluminación activada. De alrededor de 0,7 grados en el peor de los casos analizados. Por lo que tiene un efecto bastante contenido en condiciones normales. Pero en las memorias DDR5, donde también es importante el PMIC, el margen de temperatura se puede volver más importante para la estabilidad del PC.
Puede notarse en la estabilidad y el software
El impacto real de un diseño de RAM con RGB aparece cuando el sistema está trabajando cerca de sus límites. Es decir, si usas un perfil EXPO o XMP, haces overclocking manual o montas un PC en una pequeña caja que no disponga de flujo de aire. Cualquier pequeño aumento de temperatura puede empeorar la estabilidad. También hay módulos DDR5 que funcionan a temperaturas normales, pero que cuando las temperaturas se elevan, pueden sufrir errores o el temido thermal throttling. Y esto ocurre cuando se dan dos situaciones a la vez: altas frecuencias y ventilación escasa
A ello hemos de sumar el factor del software. Muchas memorias RGB dependen de utilidades del fabricante o de la placa base para sincronizar sus efectos de colores. Y este software añade servicios en segundo plano, conflictos entre programas y una capa de complejidad que no es necesaria. No suele ser algo grave, pero sí se puede convertir en toda una molestia para los equipos donde prima la limpieza, la estabilidad o el menor número posible de procesos. Por lo tanto, lo más importante a la hora de comprar una RAM es priorizar siempre las frecuencias, latencias, compatibilidad y, sobre todo, refrigeración.
