A la hora de adquirir un nuevo PC, si buscamos jugar con él, uno de los componentes que todos miramos es la gráfica. Sin embargo, ¿por qué en ocasiones los juegos usan más el procesador que la tarjeta gráfica?, ¿cuándo tiran más de uno que de otro?
En el día de hoy, veremos por qué algunos títulos usan el 100% de la CPU, mientras que la GPU apenas sube, lo que nos hace pensar en si realmente hicimos bien comprando una gráfica tan cara cuando puede que sea el procesador el que se nos quede corto.
Cuándo un juego usa CPU en vez de GPU
Aunque solemos pensar que la gráfica hace todo el trabajo cuando jugamos, la realidad es que el procesador tiene mucho más peso del que parece. De hecho, hay juegos donde es él quien marca el rendimiento, mientras la GPU está prácticamente esperando a que termine.
Todo depende de lo que tenga que hacer el juego. No es lo mismo un título centrado en mostrar gráficos espectaculares que otro donde hay cientos de personajes moviéndose a la vez, físicas, cálculos o una enorme cantidad de elementos ocurriendo al mismo tiempo. Todo eso pasa antes de que la tarjeta gráfica empiece a dibujar la imagen.
Un buen ejemplo son los juegos de estrategia, los simuladores o algunos mundos abiertos. En ellos, la CPU está constantemente calculando lo que hacen los enemigos, los NPC, el tráfico, la física o incluso la carga de nuevas zonas del mapa. Si el procesador va justo, la gráfica no puede hacer mucho más, por muy potente que sea.
También influye mucho la resolución a la que juegues. Si tienes una gráfica de gama alta y juegas en 1080p, es bastante habitual que no esté al 100 %. Al fin y al cabo, esa resolución no supone un gran esfuerzo para una GPU moderna, así que el límite muchas veces acaba siendo el procesador, sobre todo si buscas muchos FPS para aprovechar un monitor de 144 o 240 Hz.
En cambio, cuando pasas a 1440p o incluso 4K, la historia suele cambiar. La tarjeta gráfica tiene que procesar muchísimos más píxeles y ahí sí empieza a trabajar al máximo. Es bastante común ver cómo una GPU que antes rondaba el 60 o el 70 % de uso pasa de repente al 99 % simplemente por aumentar la resolución o activar opciones gráficas mejores.
Otra cosa que no todo el mundo sabe es que no todos los juegos están igual de bien optimizados. Hay algunos que aprovechan varios núcleos del procesador sin problema, mientras que otros siguen dependiendo mucho del rendimiento de uno o dos. En esos casos puedes tener un procesador bastante potente y, aun así, encontrarte con que un solo núcleo está al límite y acaba frenando a toda la gráfica.
Por eso, si alguna vez ves que tu GPU no pasa del 70 % mientras juegas, no pienses automáticamente que está estropeada o que algo va mal. Muchas veces simplemente significa que el procesador ya no puede preparar más información para que la gráfica siga trabajando. Es algo totalmente normal y, precisamente por eso, siempre se recomienda montar un PC equilibrado en lugar de gastar casi todo el presupuesto en una tarjeta gráfica.
