A la hora de mantener en buen estado los componentes del ordenador, la refrigeración de estos es clave, y para poder conseguirla tenemos productos como la pasta térmica de diamante o el metal líquido, sin embargo, ¿cuál es mejor usar?, ¿alguno de ellos degrada menos los componentes?
Y es que no solo tenemos que pensar en que el producto enfríe, o ayude a ello, sino que también sea seguro para las demás piezas del equipo, ya que de nada vale que todo esté refrigerado, si, con el tiempo, ese mismo producto que te ayudó a ello, desgasta los propios componentes.
¿Qué es mejor?, ¿pasta térmica de diamante o metal líquido?
La pasta térmica “de diamante” es básicamente una pasta térmica mejorada con partículas que ayudan a conducir el calor. No es conductora de electricidad ni reacciona con los metales del procesador o del disipador. Eso es lo importante: es química y físicamente bastante estable.
Con el paso del tiempo (por ejemplo, 2 años de uso intensivo), lo que le pasa normalmente es que se va secando un poco o pierde algo de consistencia. También puede moverse ligeramente con los ciclos de calor (encendido y apagado constante). Pero esto no daña el hardware. Simplemente puede hacer que el rendimiento térmico baje poco a poco. En conclusión, deberemos cambiarla pasados unos meses o años, todo depende del uso que le demos, el tiempo que lleve el equipo sin encenderse, etc.
El metal líquido es muy diferente. Es una aleación líquida, normalmente basada en galio, y conduce el calor mucho mejor que cualquier pasta. Por eso se usa en equipos de alto rendimiento o overclocking. El problema no es que “se desgaste”, sino cómo interactúa con los materiales.
Con cobre o níquel suele ser bastante estable si está bien aplicado. Pero con aluminio es peligroso, lo puede debilitar y estropearlo con el tiempo. Además, puede dejar manchas o modificar ligeramente la superficie del metal donde está aplicado, por lo que podríamos decir que hay que tener más cuidado con este material, y solo aplicarlo si tenemos conocimientos y sabemos lo que hacemos.
También influye mucho el tipo de montaje del disipador y la presión que ejerce, porque eso cambia cómo se reparte el material con los ciclos de calor. En equipos que se encienden y apagan a menudo, los cambios de temperatura generan pequeños movimientos internos que afectan más a las pastas que a los metales líquidos. Otro punto es el mantenimiento: la pasta es fácil de limpiar y sustituir sin riesgos, mientras que el metal líquido requiere más cuidado al retirarlo para no dejar residuos. Por eso, en entornos domésticos se prioriza la facilidad de mantenimiento frente al rendimiento máximo sostenido.
En resumen, para un usuario normal, a nivel de seguridad, precio y comodidad, la pasta térmica sigue siendo la mejor opción. Sin embargo, para uso profesional, el metal líquido nos ofrece mejores resultados a corto plazo, con una capacidad de refrigeración mejor que la pasta, pero que, a la larga, con cierto tipo de materiales, podría interactuar y llegar a estropearlos, por lo que, si, además, hablamos de que son caros, tendríamos que pensarlo bien, y analizar beneficios y contras.
