Comprar memoria RAM de alta velocidad, un error que nos dará problemas

Cuanto más mejor, ese parece ser el lema de más de un usuario cuando se decide a comprar memoria RAM para su PC. Pero lo cierto es que esto no se cumple en ningún caso, ya que como todo hay un límite tanto de velocidad como de capacidad. Este último es sencillo de saber, puesto que cada plataforma fija la cantidad máxima o número de módulos, pero en cuanto a memoria RAM de alta velocidad y latencia… Cuidado.

La memoria RAM desde siempre ha sido fundamental en cualquier PC o servidor. Como siempre hemos dicho, dentro del gran «BIG THREE» es el cuello de botella más problemático al que nos enfrentamos. La CPU mejora mucho su rendimiento general, sobre todo a raíz de lanzarse los procesadores Ryzen de AMD, donde la escalada de núcleos, frecuencias e IPC ha sido abrumadora. Las tarjetas gráficas han mejorado y escalado muchísimo más, pero la memoria RAM sigue estancada.

¿Por qué no comprar memoria RAM de alta velocidad para Intel o AMD?

Módulos RAM

Aunque pueda parecer contradictorio y como hemos dicho, más no es mejor, no si no tenemos los conocimientos necesarios. Las marcas nos venden módulos y kits de memoria RAM maravillosos de alta velocidad con latencias cada vez más apretadas, nos dan capturas de pantalla de Runmemtest Pro al 500% y todo parece caído del cielo.

Con esto nos referimos a que parece que vamos a comprarlas y va a ser pincharlas y disfrutar. Para nada, esto no funciona así, y no lo hace precisamente porque la memoria RAM es el factor que limita más el rendimiento dentro de todo lo que conlleva y la conecta. Aunque muchas veces las placas base certifiquen una velocidad máxima con overclock, no es extraño que en modelos de primera generación recién lanzados al mercado con la plataforma no soporte según el fabricante velocidades que actualmente podemos encontrar en módulos a la venta.

Es decir, nuestra placa soporta DDR4-4800 MHz como máximo y ya podemos encontrar módulos a 5000 MHz. Es un ejemplo extremo sí, pero esto pasa con muchos rangos de velocidades en distintos modelos de placas, donde a menor rango de las mismas menor velocidad va a soportar con overclock, donde el modelo TOP tendrá el máximo rango soportado posible y el más bajo de gama quizás ni lo soporte.

El IMC de la CPU, el factor más limitante

Esquema de IMC en un procesador

La placa base puede ser un problema, pero normalmente no lo es puesto que el usuario común no paga por los módulos extremos e inconscientemente «él mismo se salva» del problema. Pero igualmente hay un segundo factor que es decisivo: el IMC. Actualmente los IMC están apretados al límite de serie, donde tanto Intel como AMD especifican una velocidad de 3200 MHz para DDR4, pero como todos sabemos hay margen con el overclock.

Esto es extremadamente relativo y nos explicamos. El IMC es una parte muy delicada de la CPU que interconecta los núcleos, registros y cachés con la memoria RAM, donde los tiempos de acceso deben ser mínimos y la tasa de transferencia la máxima que permitan los módulos. Por ello, aumentar su sincronización con RAM más rápida implica que el voltaje del mismo suba, se cree jitter en la señal y dependiendo de los MHz de los módulos puede que no sea capaz de mantener la sincronización a dicha velocidad.

Seguramente ni con todo el voltaje del mundo en él o en el VCCIO. El límite del IMC con overclock (más de 3200 MHz lógicamente) está en un punto dulce rondando los 3600 MHz actualmente y dependiendo de la calidad que te toque del mismo en tu CPU soportará más o menos. El problema es que se necesitan conocimientos avanzados para dejarlo estable al superar los mencionados 3200 MHz y esto es algo que la grandísima mayoría de usuario desconoce o directamente no están dispuestos a gastar cientos de horas por subir 200 MHz o 400 MHz para 5000 MB/s más y 3 ms menos.

Por lo tanto, si no queremos complicarnos y queremos ir a lo seguro, es mejor quedarnos en 3200 MHz y si tenemos al menos nociones avanzadas optar por DDR4-3600 MHz con latencias medias o relajadas. Y aquí llega el último punto: la latencia influye en la estabilidad del IMC, y lo hace precisamente porque se le obliga a actualizar la información de las celdas en menor tiempo. No es lo mismo C18 a C16 en DDR4-3200 o DDR4-3600 MHz, el estrés que sufre el IMC se incrementa con el aumento de velocidad y disminución de latencia, así que hay que buscar el equilibrio.

El desgaste del IMC, lo que nadie te cuenta

Actualmente hay dos partes del procesador que se desgastan a velocidades enormes: el IMC y la caché. Ajustar los voltajes y entender dónde está el punto dulce de cada uno de ellos es vital si no queremos que en 6 meses, 1 año o como mucho 2 años tengamos pantallazos azules en nuestro PC y tengamos que volver a ajustar voltajes e incluso cambiar de módulos de memoria a menor velocidad o mayor latencia.

Aplicar voltaje de más o ajustarlo al mínimo no es una opción, el voltaje del IMC tiene que ser perfecto, el adecuado, porque solo así se garantiza el menor jitter en las señales y con ello sufre menos. Todo lo que sea actualmente pasar de 3200 MHz implica un desgaste acelerado del que poco o nada se habla y aunque la calidad del IMC tiene mucho que decir y cada CPU es un mundo, el que ha tocado muchos procesadores de una misma serie sabe que el IMC terminará fallando a ciertas velocidades tras un uso normal del PC y mucho antes si estamos pasando benchmark de estrés cada poco tiempo.

Así que cuidado con seleccionar mal los módulos de RAM, su velocidad y latencia, no todo vale y ni mucho menos es pinchar, activar XMP o DOCP y disfrutar (si pasamos de 3200 MHz).