Por qué mi SSD pierde rendimiento cuando lo estoy usando

Escrito por Juan Diego de Usera

La llegada de los SSD al entorno de escritorio fue muy bien recibida por los usuarios cuando se produjo hace ya bastantes años. Incluso ahora, todavía hay bastantes usuarios que solo tienen discos duros en su sistemas, por los motivos que sean. Sin embargo, algo que llevamos un tiempo viendo con los actuales SSD, es que cada vez más de ellos sufren una pérdida de rendimiento bastante acusado cuando se están empleando. Tan acusada es esta pérdida, que pasan a rendir como un disco duro. En este artículo vamos a analizar las causas de éstas.

Las pérdidas de rendimiento en los SSD no son algo nuevo para los usuarios de este tipo de unidades de almacenamiento. A estas alturas, todos hemos oído hablar de lo que hace el TRIM en ellos y de cómo permite que el rendimiento general de nuestras unidades sólidas no se vaya degradando con el paso del tiempo. O de los sistemas de “recolección de basura“, que se encargan de recolectar los datos válidos de las células de memoria y marcar los no válidos para ser borrados y liberar espacio. Todo esto se lleva a cabo para que el SSD mantenga un rendimiento óptimo durante más tiempo, dado que lo que nunca debemos de hacer es desfragmentar este tipo de unidades.

Sin embargo, estas tecnologías que acabamos de mencionar, son para mejorar el rendimiento de nuestras unidades de almacenamiento sólido. Entonces, ¿a qué se debe la bajada de rendimiento que estamos viendo últimamente en los SSD al emplearlos a diario? Y ¿por qué no sucedía esto mismo con los SSD antiguamente?

La temperatura afecta negativamente a los SSD

Ya hemos comentado en otras ocasiones que, aunque los SSD tienen unos márgenes de funcionamiento mayores en lo que respecta a su temperatura que los discos duros, no por ello son inmunes a los efectos de esta. Este tipo de problemas se suelen presentar bastante más en las unidades M.2 que en los SSD SATA en formato 2,5 pulgadas. Y de los SSD M.2, los más proclives a sufrir la degradación de su rendimiento suelen ser los que emplean el protocolo NVMe que los que emplean el protocolo SATA.

Para este tipo de dispositivos, lo mejor es emplear un disipador para unidades SSD M.2. La suerte es que son bastante baratos y muy efectivos a la hora de controlar las temperaturas de funcionamiento. Otra opción es elegir bien en qué ranura M.2 instalamos nuestra unidad de almacenamiento, dado que en la paca base hay lugares que son mejores o peores.

La cache SLC de los SSD es un arma de doble filo

Hoy en día, casi todos los fabricantes de unidades de almacenamiento sólido emplean una caché SLC para acelerar la transmisión de archivos en estas unidades. Esto se ha hecho más prominente a medida que se ha incrementado el número de bits que son capaces de acelerar las celdas de memoria. Y es gracias a ella que podemos ver como algunas unidades sólidas son capaces de alcanzar fantásticas velocidades de transmisión de datos. Pero en realidad, estas es una solución que sirve solo para intentar maquillar un dato: que las velocidades de escritura de datos de los actuales SSD son bastante malas. Especialmente desde que se hizo el salto desde la memoria NAND Flash de tipo MLC a la TLC que todavía se emplea.

Así, si bien una antigua unidad de almacenamiento sólido con memoria NAND Flash MLC era capaz de mantener una tasa de transferencia de datos de 450 MB/s de manera casi indefinida, las modernas unidades sólidas, una vez que se ha consumido la caché SLC, pierden muchísimo rendimiento. De hecho, no es raro ver que la tasa de transferencia de estas unidades baja hasta los 100 o 150 MB/s. Esas tasas de transferencia dependen del tipo de memoria NAND Flash que use esta unidad, siendo las TLC mejores que las QLC.

Cada fabricante de SSD emplea un nombre diferente para definir la memoria caché SLC. Para Samsung, se trata de “TurboWrite“. Para SanDisk, lo llaman “nCache“. Micron lo llama “Write Acceleration“. De la misma forma, cada fabricante elige el tamaño de la memoria cache SLC, oscilando esta entre el 10 o el 20% del tamaño total de la capacidad de estas unidades. Al final, todas hacen lo mismo, con sus propios algoritmos. Cuanto mayor el tamaño de ésta, mayor el tiempo que la unidad sólida podrá mantener las altas tasas de transferencia. Pero, como podéis ver en la anterior captura de pantalla, cuando se acaba, la tasa de transferencia desciende en picado.

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