Si tengo una AIO de 120 mm, ¿es mejor aguantar o actualizarla?

Si tengo una AIO de 120 mm, ¿es mejor aguantar o actualizarla?

Javier López

El mundo de la informática sigue corriendo para muchos a una velocidad que no pueden seguir. A esto hay que sumarle el aumento de los precios y tenemos un cóctel donde la gran mayoría aguantan su hardware hasta que rompa o merezca la pena el desembolso. Si nos referimos en concreto a los usuarios que disponen de refrigeraciones líquidas AIO de 120 mm, entonces estamos en una encrucijada todavía más complicada, ¿por qué ya no se usan? ¿merece la pena cambiar o mantenerlas?

Es un dilema donde muchos están actualmente debido al auge que tuvieron hace algunos años las AIO de 120 mm. Sistemas que lógicamente tienen sus ventajas y que ahora, aunque se siguen vendiendo, han entrado en otra dinámica totalmente distinta.

¿Merece la pena actualizar una AIO de 120 mm o es mejor quedársela y aguantar?

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Si el mundo de los procesadores y tarjetas gráficas avanza a una velocidad alta, el de la refrigeración lo hace a pasos infinitamente más pequeños. Las mejoras se cuentan con los dedos de una mano y arrancar un grado al agua es de media la mejora que podemos encontrar, a lo sumo, entre un modelo TOP de hace algunos años y uno nuevo.

Pero el tiempo pasa, los usuarios optan por cambiar de PC e intentar aprovechar partes del antiguo, donde los HDD y los sistemas de refrigeración, así como posiblemente los chasis se llevan la palma en este tipo de cambios.

Una AIO de 120 mm es un problema más que una solución. Si tiene ciertos años y aunque se limpie a fondo, la permeabilidad de los materiales no era tan buena como la actual, lo que deja seguro un poco de pérdida del líquido y un rendimiento un pelo inferior. Si a esto le sumamos que por mucho que digan los TDP de los procesadores actuales de Intel y AMD, las temperaturas han escalado en estos, pues tenemos el cóctel perfecto para pensar que ese sistema o bien lo guardamos o bien lo vendemos de segunda mano.

Es mejor optar a un sistema actualizado, más moderno, más optimizado y seguramente más silencioso que mantener una AIO de 120 mm, que, aunque haga su función, le va a costar mucho más refrigerar una CPU actual que una anterior.

¿Disipador o AIO de mayor tamaño?

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Solo se podría optar a mantener o comprar una AIO de 120 mm (actual) si el TDP a refrigerar es realmente bajo, inferior a 65 vatios. No nos engañemos, la cifra de TDP de los procesadores marca el estado PL1, pero este realmente oscilará continuamente con el PL2 y disparará la temperatura.

Por lo tanto, el problema oscila entre escoger un disipador o una AIO de 240 mm si pretendemos refrigerar 65 vatios o más. Una decisión que necesita de un artículo específico y bien argumentado que trataremos más adelante, ya que la gran variedad de productos actuales no puede resumirse con una de las dos opciones como respuesta en rotundo, sino más bien todo lo contrario.

Se necesita ser específico e intentar explicar dónde podemos sacar más provecho de un sistema u otro. En cualquier caso y volviendo al tema principal, por el precio que tienen ciertos disipadores de gama media frente a lo que cuesta una AIO de 120 mm, es preferible la primera opción a la segunda, sobre todo en disipadores de prestigio.