Si quieres editar fotos, deberías calibrar tu monitor y te explicamos por qué

Si quieres editar fotos, deberías calibrar tu monitor y te explicamos por qué

Juan Diego de Usera

Una de las primeras tareas que deberéis de llevar a cabo con vuestro PC, si tenéis la intención de dedicaros a trabajar con imágenes, es la de calibrar vuestro monitor. Y da igual que lo vayáis a hacer de manera amateur o profesional. Un monitor bien calibrado es la única manera que existe que los colores reales de la imagen. Se correspondan, luego, con los colores que veremos en nuestra pantalla.

Qué es la calibración del color en un monitor

Todos los monitores salen de fábrica con un perfil de color que ha desarrollado el fabricante para ese modelo. Ese perfil de color (o ICM) es aquel que el fabricante cree que es el mejor para ese modelo específico. Sin embargo, en casi la totalidad de los, ese perfil de color tiene poco que ver con colores reales. Puede saturar algunos colores básicos, mientras que otros colores puede no representarlos correctamente. O puede tener el nivel de blanco muy cálido o muy frío.

Es aquí donde entra en acción la calibración del monitor. Porque, al calibrarlo, estamos creando un nuevo perfil que tiene en cuenta las características de color de nuestro monitor. Pero, gracias al nuevo perfil, los colores resultantes serán más reales. Y este aspecto es fundamental a la hora de trabajar con imágenes. ¿Por qué? Porque, de esta manera, sabremos que lo que estamos viendo en la pantalla de nuestro monitor, es lo mismo que veríamos al imprimir la imagen en otro soporte.

Es importante indicar que el perfil ICM de cada modelo de monitor es distinto, igual que cada panel es diferente incluso ante un mismo modelo. Por ello la importancia de calibrarlo individualmente, algo muy costoso que pocos fabricantes hacen más allá de la gama profesional, donde este aspecto es de vital importancia.

Cuándo no merece la pena calibrar el color de un monitor

Aunque calibrar los colores de un monitor puede ser algo muy práctico para trabajar con imágenes. No por ello es algo que todos debamos de hacer.

Por principio, calibrar un monitor requiere la compra del correspondiente colorímetro. Estos no son dispositivos especialmente baratos. Teniendo en cuenta que un usuario casero, solo lo usará cada vez que cambie de monitor. Al final, estaremos desperdiciando el dinero en algo a lo que no le vamos a sacar un rendimiento práctico real. Muy diferente del rendimiento que le puede sacar un usuario profesional. El cual debe de calibrar su monitor antes de ponerse a editar imágenes.

Por otro lado, os sorprendería ver lo mal que suelen llevar los juegos, que nuestro monitor use colores calibrados. Esto se debe a que la mayoría de desarrolladores de videojuegos suelen crear los suyos, para que representen ciertos colores con una paleta determinada. Cuando le cambias la paleta de colores al monitor por unos más reales, los colores del juego ya no serán tan espectaculares como originalmente.

Por consiguiente, calibrar un monitor debiera de ser algo que se hiciera únicamente a nivel profesional. Tanto X-Rite como Datacolor tienen una oferta bastante amplia de este tipo de dispositivos, con precios que pueden ir desde los poco más de 100 euros hasta los más de 300 euros de las versiones más profesionales. Pero, como decimos, usar colorímetros para calibrar nuestras pantallas de PC debería de ser algo que realicen los profesionales. O, si no vas a sacarle partido de manera más o menos continua, sí algo que vayas a realizar con cierta frecuencia.

Por norma general, un usuario cambia de monitor cada 5 o 6 años de media, los más pudientes pueden hacerlo una o varias veces al año hasta encontrar lo que están buscando. Por ello este tipo de producto es muy específico para cada tipo de usuario.